Reflexiones sobre la izquierda y Venezuela (II)







La izquierda y la democracia


Cierto que una izquierda radical debe pensar la superación de ese orden que, con toda justicia, se ha dado en llamar “democracia burguesa”. Ahora bien, los problemas de la democracia no se solucionan con menos democracia, sino con más: más justicia social, más transparencia, más educación y más participación ciudadana, incluyendo, naturalmente, a quienes piensan distinto.

Y si quienes piensan distinto nos superan en número, la tarea de la izquierda siempre será vencer convenciendo al pueblo, diseñando nuevas estrategias, tejiendo alianzas, elaborando con los movimientos sociales para volver a ser mayoría. Nunca a la sociedad se le puede imponer un proceso verdaderamente transformador; la izquierda no debe hacerlo, tanto por razones éticas como prácticas. Es deshonesto e ineficaz hablar en nombre de un pueblo que (por los motivos que fuere; incluso engañado) ha dejado de seguirnos.

Una de las mayores virtudes de Chávez fue haber sabido representar las inquietudes de las grandes mayorías venezolanas. Y cuando quiso avanzar en su revolución, proponiendo el socialismo del siglo XXI, se dedicó a explicarlo, buscando convencer a los venezolanos, sometiendo sus ideas a votación, perdiendo, admitiendo la derrota e inmediatamente pensando la próxima campaña.

Si efectivamente el chavismo ya no es una mayoría social, deberá prepararse para entregar el poder político, replegarse y pensar una estrategia para volver a enamorar a las masas; tal como hizo Chávez al salir de la cárcel, durante la década de los noventa.

La izquierda también debe construir poder al margen de los recursos del Estado, así como debe cambiar las reglas de la democracia burguesa, pero no para sostener a una camarilla ocasional, sino para (como alguien nos prometió y no cumplió) hacer temblar las raíces de los árboles; para sacudir realmente los cimientos sociales, jurídicos, culturales y económicos de la sociedad capitalista.

La cuestión de la democracia es vital para todo proyecto de izquierda, y el asunto no se agota en la vieja y torpe contraposición libertad-justicia social. La democratización real de la justicia, de los medios de comunicación, de la economía y del poder político, son algunos de los temas centrales para toda propuesta alternativa de sociedad, los cuales aún plantean un sinfín de incertidumbres. Y la experiencia venezolana nos permite abordar todo esto, con la ventaja, además, de que se trata de un hecho político aún vivo.